10 jul. 2017

Phengaris nausithous una rareza que parece nos ha abandonado.



Entre las mariposas muy raras y escasas que vuelan (o volaban) en Asturias se encuentra la bella y "mentirosa" Phenharis nausithous (Bergsträsser, 1779), con anterioridad llamada Maculinea nausithous, la cual requiere de unas exigencias extremas para su supervivencia.




En Asturias tan solo existe un registro en el Puerto de Tarna (Landeira y Guerra, 1980) pero en estos últimos años no se ha visto ningún ejemplar, al contrario de lo que ocurre pocos metros más al sur, ya en la provincia de León, donde aparecen varias colonias. En España solamente se conoce su presencia en las provincias de León, Guadalaja, Madrid, Palencia, Segovia, Soria y Cantabria.


Este ser "alienígena" conocido con el nombre común de Hormiguera oscura, necesita que se den varias condiciones indispensables en su hábitat: que en él viva la única planta en la que pone sus huevos y de la que se alimentan sus orugas (Sanguisorba officinalis) y que en las proximidades se encuentren hormigueros ocupados por el genéro Myrmica (Myrmica rubra o M. sabuleti) hormigas a las que engañará para que cuiden de sus orugas ofreciéndoles los mejores manjares. Por si esto fuera poco, también devora todas sus reservas y a las crías de las ingenuas hormigas, respetando tan solo algunas de ellas ya que las necesitará como cuidadoras para su siguiente generación.  



Pertenece a la Familia Lycaenidae y tiene una envergadura que oscila entre los 3,4 y 3,8 cm. Con las alas cerradas no es posible distinguir al macho de la hembra. La base de las alas es de color marrón, con tonalidades verdosas o azuladas que brillan especialmente según se orienten hacia el sol, produciendo bellos destello y cuenta con una serie de pequeños ocelos negros, envueltos por un círculo amarillento, volando en una corta generación durante el mes de julio.




Es casi un imposible fotografiarlas con las alas abiertas, ya que solo las muestran en pleno vuelo. En ese momento es cuando podríamos distinguir al macho de la hembra. En este caso se trata de un macho ya que tiene el fondo azulado, mientras que la hembra lo tendría marrón. 




Vive tan solo en praderas encharcadas, entre los los 900 y 1300 m. de altitud, donde exista su planta nutricia y en España tan solo se han detectado su presencia, por el momento, en 36 cuadrículas UTM y en poblaciones aisladas, con la peculiaridad (otra más) de que se trata de bordes de prados de siega o diente, aprovechados por los ganados y con hierbas altas. 




Si estas praderas de montaña se abandonaran o tuvieran un manejo incorrecto, ellas también dejarían de existir. Esperemos que futuras generaciones de humanos puedan seguir disfrutando de esta rarísima especie, cosa más bien complicada por ser como somos... de momento, parece ser que la desidia y la falta de cuidados ya la han hecho emigrar hacia lugares más favorables...




23 jun. 2017

La primera Hamearis lucina en un lugar de cuento: Gioves, donde habita Júpiter.

Asturias hace que los ojos se te llenen de verde, verdes de todas las tonalidades que en esta época del año muestran su grandeza, sobre todo después de unos días de lluvias. Bien sabemos, a los que nos gusta la montaña, que podríamos vivir doscientos años y aún así nos quedaría por descubrir algún lugar, algún valle escondido, algún profundo desfiladero de esta Asturias plegada y constreñida entre el mar y la meseta castellana.

La majada de Gioves -allá donde habita Júpiter y el rayo- ha sido una de esas últimas sorpresas que el concejo Amieva aún tenía reservado. Territorio poco frecuentado y que en otros tiempos fue refugio de pastores y ganados desde junio hasta que las primeras nieves los empujaban hacia pastos más bajos y próximos a los pueblos.

A finales de mayo, cuando aún no se han abierto los puertos al ganado, estos lugares sorprendentes se encuentran solamente ocupados por la naturaleza y los restos de los antiguos asentamientos pastoriles que a duras penas aún permanecen en pie. Ni una sola persona encontramos a lo largo de toda una jornada inolvidable.

Sería muy larga esta entrada si describiera cada paso del camino, por ello me quedo con el punto final de la ruta: la pequeña y recóndita majadina de Gioves, localizada en los confines suroccidentales del concejo de Amieva y la primera Hamearis lucina (Linnaeus 1758)  que pude fotografiar.


Gracias a José González, por la identificación

Esta pequeña mariposa, de la familia  Lycaenidae, donde predominan los individuos de colores azulados y pequeño tamaño, tiene la peculiaridad de que aparece "vestida con un traje propio de los Nympalidos", siendo ahí (a mi entender) dónde radica su rareza. En un principio los entomólogos la consideraban de la familia Riodinade -ahora subfamilia- donde la Hamearis lucina es la única especie que habita en Europa.




Es una mariposa escasa que vuela en los claros de bosques autóctonos entre los 500 y los 1300 m de altitud y en Asturias aparece a lo largo de toda la Cordillera y Picos de Europa. Pertenece a las especies "primaverales" y solamente podremos disfrutar de ella entre los meses de mayo y junio.

Apareció y desapareció en un instante, así que habrá que esperar a otra ocasión para poder pillarla cerrada.

Aunque en ese día solamente encontré una especie nueva para la colección fotográfica, todo el camino, cada paso, mereció la pena hasta concluir en la majada de Gioves y el impresionante mirador que cae sobre el desfiladero de Los Beyos desde donde te tragas, literalmente, al vecino concejo de Ponga.



Esta pequeña majada se localiza en una depresión caliza, cercana a los 1300 m. de altitud, delimitada al este por los contrafuertes de los Traviesos, coronados por el pico Valdepino (1723 m.) y al oeste por el Jucantu que se desploma a pico sobre el profundo desfiladero de Los Beyos.


La siguiente imagen de Google Earth nos da una idea del caótico relieve cantábrico donde se asienta esta pequeña majada cuyo acceso arranca desde las proximidades de Baenu. Al fondo sobresalen los Picos de Europa y tímidamente, al oeste, el mar.


El arranque de la senda que nos llevará hasta Gioves, pasando por las majadas de Agüergu y Lloes, no es fácil de encontrar ya que se encuentra camuflado al lado de un pequeño arroyo que pasa bajo el camino que se dirige a Baenu. Gracias a Liano Priede, super-pastor-amigo, que estaba disponible en su móvil pudimos dar con él.


En la parte más baja se localiza un abrevadero en buen estado, con un agua limpia y pura y en sus proximidades existe una fuente permanentemente activa.


En la zona alta permanece milagrosamente en pie una de las cabañas de pastores más interesantes del concejo. Realizada totalmente con piedra caliza consta de planta rectangular con dos accesos independientes y tiene 5 m. de largo x 3,5 de ancho.






Esta cabaña tiene su historia, en ella habitó el Molleirín, nombre que le veía de su apellido Mollera, emigrante y militar republicano, hijo de un pastor de Argolibiu que regresó a estos parajes al final de sus días y se convirtió en "poeta". No pudo escoger mejor lugar para vivir sus últimos veranos.



En el espacio que ocupa Gioves, aún permanece en pie otra pequeña edificación destinada al ganado, acompañada de los restos de otras que no consiguieron sobrevivir al paso del tiempo y que en total suman una docena de sabias construcciones realizadas con la piedra caliza del lugar,



Cuentan las leyendas más antiguas, esas que vuelan de boca en boca a través de los siglos, que en Gioves y en sus territorios próximos habitaba el dios Júpiter, el encargado de proteger de los rayos a pastores y ganados y no deben de andar muy descaminados cuando el mismo Xulio Concepción nos confirma que el origen de su nombre, así como el de la majada próxima de Lloes, hace referencia a esa deidad protectora.


Los árboles caídos o dañados por los rayos, son los testigos de que la etimología no se confunde...


En ocasiones los viejos árboles, como este haya, aguantan en pie el envite del rayo.


Pero en otras, cuando Júpiter anda a otros asuntos, los consigue arrancar de raíz.

Como final, os dejo un ejemplo de la visión que se esconde al sur de Gioves.

                                                                       (pinchad en las fotos si las queréis ver más grandes)

¡Feliz verano, el tiempo vuela!

15 may. 2017

Lasiommata megera (Wall Brown) y Lasiommata maera (Large Wall Brown)

En Asturias vuelan dos mariposas muy parecidas de la familia Nymphalidae, subfamilia Satyridae, que nos resultarán fáciles de ver a lo largo y ancho de nuestra geografía, con excepción de las áreas más urbanizadas y degradadas.

Estas comunes mariposas son la Lasiommata megera, vulgarmente conocida como (Saltacercas) y la Lasiommata maera (Pedregosa). Sus orugas se alimentan de gramíneas y los imagos vuelan desde mayo hasta finales de septiembre, en dos generaciones.

Lasiommata megera (saltacercas)



Entre el macho y la hembra de esta especie, existe una clara diferencia (dimorfismo sexual) que nos permitirá no confundirlas; se trata del gran "androconio" que presenta el macho en el anverso de sus alas anteriores. Este "androconio", formado por una gran concentración de escamas, tiene como finalidad segregar un peculiar olor que tiene efectos afrodisíacos en las hembras de su misma especie ¡toda una obra de ingeniería del perfume!. 


Su facilidad para camuflarse entre las rocas y los suelos pedregosos y esa peculiaridad tan especial de volar por ahí emitiendo perfumes sugerentes, tal vez sean una de las principales causas de su proliferación y facilidad para la reproducción... pero esto son cosas mías, no tiene nada de científico.


La hembra de la Lasiommata megera, aunque tiene las mismas tonalidades doradas que el macho y luces los mismos ocelos con un puntito blanco central, carece del androconio y es un poco mayor que su compañero, midiendo ambos entre los 3-4 cm con las alas abiertas.


Les gustan especialmente los lugares pedregosos y cuando cierran sus alas se mimetizan muy bien con el entorno.


Lasiommata maera

Esta mariposa se diferencia de la anterior en que goza de un colorido un poco más apagado que la L. megera, mientras que es ligeramente mayor, llegando a superar los 5 cm. de envergadura.



En este caso el macho carece de "androconio" marcado en sus alas anteriores, aunque si nos fijamos en detalle, parece intuirse camuflado entre las escamas del mismo color. 


En el macho predomina el color marrón y presenta grandes ocelos en sus bordes. En este caso los dos grandes círculos del extremo de las alas anteriores contienen dos pequeños puntitos blancos y, como en el resto, se bordean por un círculo dorado que destaca sobre fondo monocolor.


La hembra de la Lasiommata maera es de mayor tamaño que el macho y más llamativa por la intensidad de sus colores y manchas leonadas.


Aquí vemos a la hembra compartiendo un cardo con un ejemplar de Elasmucha grisea.


Con las alas cerradas se distingue bien de su pariente la Lasiommata megera, presentando una tonalidad grisácea o plateada.


Y como todo en esta vida, aunque no nos guste, la muerte a veces se nos presenta de bruces. Intenté cambiar su destino, pero no quise quedarme a ver el desenlace, supongo que aunque le retiré con todo cuidado esa pegajosa tela de araña ya debía de estar demasiado dañada por la odiosa araña que me diréis que también tiene derecho a la vida... 


En este caso se la hubiera cambiado por cien mosquitos...

Salud para todos

17 abr. 2017

Un día de mariposas primaverales

Hacía mucho tiempo que esperaba un día, tan solo un día de buen tiempo y de libertad, para pasear tranquilamente por estos senderos norteños lejos de la agobiante vida urbana en busca de mariposas, mi terapia preferida para volar lejos, muy lejos, colgada de sus alas.

El camino escogido fue el que parte de la Collada de San Román o Collada de Amieva -según se nombre desde un lado u otro de ambos pueblos- y se adentra en dirección al Valle de Angón y el curso medio del río Dobra, encajonándose entre el impresionante murallón del Macizo Occidental de los Picos de Europa (Cornión) y la ladera por la que discurre la Senda del Arcediano camino de las tierras de Sajambre, ya en la provincia de León, dominada por las hermosas cumbres de los picos Cabroneru y Valdepino, hasta alcanzar la majada de Bellanzu y el embalse de La Jocica.

Cuando aún los ojos no se habían preparado adecuadamente para adaptarse al pequeño y diminuto mundo donde habitan, a cierta distancia, apareció volando una especie de pequeño papel amarronado que al detenerse y cerrar sus alas se convirtió en una verdísima mariposilla, vestida con ese traje que solo ella posee y que la hacen inconfundible. Ella bien sabe que esa tonalidad le es muy útil para mimetizarse a la perfección con el entorno de plantas atlánticas que ya están en plena explosión. Pero cuando se detiene en una de ellas, permanece quieta, tranquila, dejándose fotografiar sin asustarse.

Callophrys rubi (Linnaeus, 1758)

                   
Mientras estaba absorta con ella, por el rabillo del ojo, vi volar lo que me pareció en principio un pájaro y que resultó ser un ejemplar de Nymphalis antiopa que era la primera vez que veía en el concejo de Amieva. Dejé a la preciosa C. rubi para intentar pillarla entes de que desapareciera en un bosquete de avellanos.

Al contrario que la pequeña mariposa verde, la Nymplahis antiopa es de un tamaño considerable ya que la hembra llega a alcanzar los siete centímetros de envergadura. Esta gran mariposa, que le gusta volar por encima de las copas de los árboles ribereños, pasa el invierno en estado adulto por lo que sabemos que este ejemplar ya había nacido el anterior verano y ahora con el calor primaveral, despertaba de su largo letargo. Un distintivo para diferenciar los ejemplares nuevos de los de la temporada anterior es el color blanco del festón de sus alas que en el caso de los del año anterior es de color blanquecino, mientras que en los nuevos es amarillento. Esta bella y esquiva mariposa tiene una larga vida si es capaz de evitar a sus numerosos depredadores.

Nymphalis antiopa (Linnaeus, 1758)


Daba gusto volver a ver volar a las más corrientes mariposas, como a la abundantísima Pararge aegeria o mariposa de los muros, que aunque tengo cientos de fotos de ella, no puedo dejar de fotografiarla en esa posición tan relajante en medio del camino. 

Pararge aegeria (Linnaeus, 1758)

No conseguí que se parara en ningún momento la revoltosa y también común Anthocharis cardamines, que jugaban con otros ejemplares de su misma especie pero sin darse un respiro. Os dejo una foto de otro año para ver si vosotros tenéis más suerte o paciencia. Es muy fácil de identificar por el borde amarillo de sus alas anteriores que se distingue perfectamente en vuelo.

Anthocharis cardamines (Linnaeus, 1758)
Las Pieris también son abundantes y muy fáciles de distinguir por su color blanco dominante.




                            Como esta Pieris napi, inconfundible por los nervios de sus alas.

Otra de las mariposas relativamente fáciles de ver es la Polygonia c-album. En este caso también se trataba de un ejemplar del año anterior que había pasado el invierno en estado adulto y que volvía a reactivarse con el calor del sol de abril.


Polygonia c-album (Linnaeus, 1758)
                                               
Igualmente fue muy gratificante volver a encontrarme con la -ya desaparecida en muchos países europeos- Euphydryas aurinia y que por estas tierras del concejo de Amieva es frecuente ver desde abril hasta mediados del mes de junio. 

Euphydryas aurinia (Rottemburg, 1775)
Los ejemplares asturianos han sido encuadrados en la subespecie Euphydryas aurinia kricheldorfii (Collier, 1933)
 La Colias crocea es también muy común y no tendremos problema en encontrarla libando tranquilamente

Colias crocea (Geoffroy, 1785)

y compartiendo espacio con las pequeñas Coenonymphas

Coenonympha pamphilus (Linnaeus, 1758)
                             

                   
Cerca de zonas húmedas son fáciles de identificar igualmente las pequeñas y delicadas especies de la familia Lycaenidae, como esta bella Celastrina argiolus que libada las sales de los márgenes del Dobra.

Celastrina argiolus (Linnaeus, 1758)
Aunque la última mariposa de hoy ya la tenía, no dejó de emocionarme por no ser corriente de ver; se trata de Boloria dia, de la familia Nymphalidae y que se distingue bien por los dibujos y el color violáceo de sus alas posteriores.

Boloria dia, (Linnaeus, 1767)


Cientos de ejemplares de diferentes especies daban vida al largo camino y podríamos hacer fotos y más fotos sin detenernos un minuto, aunque el deseo último siempre es encontrar una especie de esas que aún nos faltan... Cada año es más difícil, lo que aún es más emocionante y no por ello dejaré de pararme con cada una de ellas por muy corrientes y abundantes que sean, cada una es única e irrepetible.

Gracias, como siempre y desde hace años, al responsable directo de mi  afición favorita. Le estaré eternamente agradecida a D. José González Fernández (Asturnatura), que me ayuda, con su infinita paciencia, a no errar en las identificaciones.

¡Salud para disfrutar esta nueva primavera!

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